Después de 12 años como cirujano me diagnosticaron burnout. Lo que nadie me enseñó en la residencia.
Dr. Javier Morales
Hace seis meses no podía levantarme de la cama. El simple hecho de pensar en ponerme el uniforme me generaba una angustia que no supe nombrar durante meses.
Llevo 12 años en cirugía general. He operado cientos de pacientes, he formado residentes, he publicado en revistas indexadas. Y en todo ese tiempo, nadie —absolutamente nadie— me habló de lo que significa sostener ese ritmo sin destruirse por dentro.
¿Cómo llegué al límite?
El síntoma que me hizo reaccionar no fue el cansancio. Fue la indiferencia. Empecé a notar que no me importaba si la cirugía salía bien o mal. Eso me aterrorizó.
Fui donde un psiquiatra colega —cosa que tardé seis meses en hacer porque "los médicos no necesitamos eso"— y el diagnóstico fue claro: burnout severo con episodio depresivo mayor.
Lo que aprendí y nadie enseña
1. El burnout no es debilidad. Es una respuesta fisiológica al estrés crónico sin recuperación. 2. La cultura médica normaliza el sufrimiento. "Si a mí me costó, a ti también te tiene que costar" es una mentira que nos mata lentamente. 3. Los límites no son egoísmo. Aprender a decir no fue lo más difícil y lo más liberador. 4. La terapia funciona. No hay más argumento que ese.
Hoy, seis meses después, volví al quirófano. No a la misma velocidad ni con los mismos compromisos de antes. Pero con algo que perdí hace años: el placer de operar.
Comparto esto porque sé que no soy el único. Si esto resuena con alguien, la sección de comentarios es un espacio seguro.